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martes, junio 25, 2013

Informe de auditoría laboral




Breve trasmisión entre el Capitán Antonio Buñuel (Remolque Esfinge) y el Alférez Carlos Lisboa,  durante su jornada laboral 344. Remolque de asteroide Homérico S-742 en el primer cinturón de anillos. 

 Mi hermano ha caído en desgracia Carlitos. Y eso Capitán. Es su mujer, lo tiene en la cuerda floja ¿Se está divorciando?  Así es. Mi cuñada interpuso una demanda de divorcio, al principio claro, después tomó otra estrategia. ¿Cómo pudo ser? Bueno, antes le envío una imagen de mi querida cuñada, vea en su monitor ¡Ah, por todos los monstruos mitológicos,  parece una garrapata hinchada! Ahí la ve en sus mejores galas, ya se puede imaginar a ese animal desnudo Carlitos. ¿Por qué se casó con ella su hermano? Para tener un porvenir seguro y no sufrir como nosotros. Entiendo, se buscó otra. Le envié otra, una delicia de androide que le gané en una apuesta al Almirante, después se la obsequié a mi hermano en su cumpleaños.  La descendiente de Cuasimodo lo demandó por adulterio, pero como no se trataba de un humano real, sino de un objeto, el juez no encontró razón que justificase la falta. ¿Entonces, en qué sustenta el caso la señora? Fíjese bien la acusación: Falta de atención marital, específicamente sexual, además del cargo de contrabando; porque esos androides están prohibidos en la Colonia espacial donde actualmente residen. Le han detenido. A ver si entendí capitán, le demandan por no… Y sin tocar tablita. ¿Cómo? Cero reparticiones de bienes, mi pobre hermano se queda en la calle. Parece un chiste Capitán. Si yo viviese en esa Colonia con mi esposa, y regreso  de una  espantosa gira espacial, cansado, estresado y no le puede cumplir a mi mujer y ella se enfada… Va preso Carlitos ¿En qué época de la historia de la humanidad se quedó estancada esa Colonia Capitán? Bueno, si usted considera que gran parte de la legislación civil de esa Colonia está fuertemente influenciada por un feminismo radical, que las mujeres representan la sustentación productiva y que los hombres son uso ociosos profesionales que viven del parasitismo, pues yo  veo justa la ley.  Caramba, semejante ley aún en nuestros tiempos. Los hombres cambian, el tiempo no, Carlitos. Por eso cambiamos para seguir en lo mismo. En el pasado, religiosos, filósofos, científicos y políticos añoraban un futuro donde su postura rigiera el único estilo de vida posible, y los detractores quedasen  condenados a los museos e enciclopedias. Todos están aquí. Antes se creía que, con la extinción de los tiburones, los abogados iban a desaparecer,  y ya ve, pues sigue aprovechándose de nosotros como les viene en gana. Por eso me dan risa esos teístas desesperados por la carga de la prueba, no se atienen a la fe que sus profetas demandan, o a los escépticos con su nadería, negando a Dios mientras emplean la ciencia para jugar a los divinos creadores ¿Se acuerda cuando llegaron al planeta Tiris? unos primates los recibieron con veneraciones y sacrificios, no dijeron nada, se dejaron mimar ¡Hasta pirámides les construyeron esos monos!

Grabación interrumpida. 


Autor: David R. Morán .
Foto extraída de AidA

miércoles, abril 17, 2013

La Cucaracha y el Libro Sagrado (relato)




A todos, en nuestros respectivos hogares, nos ha tocado muchas veces soportar las asquerosas incursiones de, al menos, una cucaracha. Observar, con suma consternación y asco, cómo se posan sobre nuestros alimentos, se meten dentro de las chancletas o las sentimos recorrer durante la noche, con exaltada velocidad de sus espinosas patitas, nuestras espaldas desnudas; dejando tras de sí una sensación puntillosa casi inolvidable.


En cierta ocasión tuve que lidiar con tan sólo una de estas alimañas, que invadió mi dormitorio y solía recorrerlo en plena oscuridad bien entrada la noche. Lo que siempre buscaba era alguna migaja de pan o, lo más necesario para ella, el agua pura y fresca en mi vaso. Por experiencia ajena aprendí a colocar unas tapas a los vasos con agua, para evitar que tanto la cucaracha como yo compartiéramos el líquido cristalino. Una vez a mi hermana, en su dormitorio, se le olvidó hacer tal cosa antes de dormir. Resulta que se despertó urgida por tomar un sorbo de agua y, en la penumbra, cogió el vaso sin vacilación llevándoselo a la boca. A parte del agua, se atragantó con una gorda cucaracha que después tuvo que vomitar. Eso me enseñó a ser precavido. Aun así, las cucarachas son tenaces y suele trepar los vasos con la esperanza que el pozo se encuentre al descubierto. 

Este maldito bichejo frecuentaba el vetusto y largo escritorio de madera pesada que alguna vez perteneció a mis hermanos mayores. Como tengo un sueño frágil, cuando el insecto pasaba por alguna bolsa en la superficie del escritorio podía escuchar como se desplazaba. Tan sólo pensar que podía llegar a mi cama era suficiente motivo para enervarme. Así que, con mucho sigilo, me incorporé, prendí la luz del cuarto y la descubrí muy cerca de mi colección de libros. Con cautela, tomé un zapato y me puse ha darle de golpes, pero la muy puta era sumamente veloz y ágil, y se me escabullía entre los libros, buscando refugio detrás del escritorio pegado a la pared. Como es muy pesado este mueble me resultaba engorroso moverlo, pues la cucaracha sabía ocultarse muy bien dentro de sus gavetas. La presencia de este desafiante bicho era parte de mis frustraciones nocturnas, sin contar el insomnio. 

Una de esas largas noches de verano, decidí prepararme debidamente para matarla de una vez por todas. Idee un plan simple: luego de que se terminó el rollo de papel toalla en la cocina, queda el tubo de cartón sobrante, muy largo; entonces decidí reciclarlo como garrote. Antes lo había predestinado para darle de golpes al perro de mi hermana, cuando esta otra sabandija peluda  (un caniche) se orina en la puerta de mi dormitorio. Retomando el tema, escuché de nuevo el movimiento del enemigo; lentamente me puse en pie, agarré el tubo de cartón, caminé sin hacer el menor ruido unos cuantos pasos hasta el interruptor de la luz. Entonces lo encendí. Gracias a la iluminación pude localizarla con rapidez, estaba a un metro de distancia, como siempre, en la superficie del viejo escritorio. El tubo me daría, sin duda, una gran ventaja, tanto en velocidad como contundencia, similar a un matamoscas. Pero me detuvo el punto exacto donde se posó la astuta cucaracha. 

Estaba sobre la portada de  LA BIBLIA DE JERUSALEN, mi traducción favorita del texto sagrado, y ella tan tranquila, moviendo plácidamente sus antenas, pues ya me había captado. No me atreví ha asestarle el golpe tal y como me lo propuse. Un movimiento en falso y la desgraciada escaparían de nuevo.  

Creo que ambos sabíamos lo que se jugaba en ese instante. La muy hijeputa parecía mofase de mí, pues su diminuta cabeza oscilante mi observaba con alegría. La situación era la siguiente:

Si ella se retiraba de la Biblia de Jerusalén, se convertiría en puré. Pero si yo la mataba sobre el libro sagrado… bueno. Tanto la cucaracha como su servidor nos quedamos quietos, cada quien con su encrucijada: salvar la vida o preservar los escrúpulos doctrinales. 

La muy descarada no daba señales de bajar del libro sagrado. 

-A ver cabrón, atrévete a liquidarme encima de esta cómoda estampa de cuero verde, dale, ¡Vamos! A que no te atreves a cometer sacrilegio ¡Ja, ja, ja! 

Esas palabras imaginé que vociferaba la insolente cucaracha, entonces, sugestionado, no pude resistir la cólera. De forma repentina se me ocurrió otra estratagema, mecánicamente, mi cuerpo resolvió darle seguimiento al instante. Mi conciencia quedó sorprendida, debo admitir. Le di una patada al escritorio por debajo, haciendo que todas las cosas encima saltarán al unísono; incluyendo a la desprevenida cucaracha.
Entonces: ¡PUM! di el garrotazo con suma fuerza cuando miré a la cucaracha caer a unos pocos centímetros del libro sagrado ¡Pero falle por poco! Sí. Lo peor, es que el tubo de cartón, debido al fuerte impacto, se doblo y ya no me sería útil. La afortunada cucaracha, en unos milisegundos, resolvió poner su vida salvo mediante un acto que pensé tan inaudito como temerario para un animal de su especie ¡Se tiró en picada desde el escritorio rumbo al piso!

En lo que iba en el aire, un pensamiento fugaz, como el rayo, me hizo entrever que, si la cucaracha tocaba el suelo, correría hasta esconderse tras las comisuras del marco de la puerta del baño, burlándose de esta manera de mí, por quinta ocasión en tres semanas consecutivas ¡Sí, ese bicho cuyo sistema nervioso podría caber en mi dedo índice, ganarle a un ser tan evolucionado como el homo sapiens! “¡Jamás!” Me dije. Y con el orgullo de mi raza, agarré algo con la mano derecha, sin perderla de vista, sólo entonces supe gracias al tacto lo que era; la cucaracha había caído al suelo, libre, y se dispuso a realizar lo que hube predicho. Entonces me dije a mi mismo, invadido por la desesperación y el automatismo iracundo: 

-“Que Dios me perdone por lo que voy hacer”.

¡Le tiré el libro sin contemplación alguna! Le cayó justó encima a la puta cucaracha que, con toda seguridad, estaba en edad para poner esos huevitos en forma de frijol, y eso me crearía miles de problemas en el futuro. Cuando ya me sentía triunfante, como esas películas de Aliens, este pequeño monstruo, gracias a su flexible exoesqueleto, empezó a asomar sus antenas y patitas por debajo del libro. Aunque no lo crea nadie ¡Pudo sobrevivir al golpe! Esto más, estaba dispuesta a salir por debajo y escaparse rumbo a la puerta ¡Cómo era posible! Pero si le quitaba el libro de encima, le haría, sin duda, un favor, huyendo con las pocas fuerzas que le quedasen y mis reflejos, ya con mucho letargo, serían insuficientes para destruirla.   

Mi enojo se transformó en furia animal. Sin miramientos, y contando con que sería la última oportunidad que tendría, le puse al libro todo el peso de mi pie de un golpe. Le di vuelta a mi talón, parado con casi todo mi cuerpo sobre el libro, hasta que, por fin, escuché el crujir de la cucaracha desmembrada. No satisfecho con eso, arrastré el libro con el pie y barrí el piso hasta ver esparcidas las sebosas entrañas del malévolo insecto. 

Un aire de júbilo lleno mis pulmones como no se lo pueden imaginar ¡Había triunfado! Y a qué precio. 

Tiré los restos de la cucaracha al patio, luego cerré la puerta del dormitorio. Fui al baño, cogí el último pedazo de papel higiénico que tenía; con eso limpié las manchas en el piso. Hasta después reparé en el libro ¡Qué bruto! Lo cogí del suelo. Su portada se embadurnó con los restos de la cucaracha, mas una que otra patita. Sin duda, el libro había salvado nuestra dignidad como especie, creí. Observé el reguero de cosas en el escritorio, la batalla duró unos segundos pero fue desastrosa. Hasta el agua en el vaso se desparramó. 

Con un sentido de agradecimiento y culpa reflexioné–“Esto no se puede quedar así, debo hacer algo para compensar mi osadía”-No tuve, según mi parecer en aquellos instantes de gloria, mas remedio que quitarme el calzoncillo y, tanto con respeto como humildad, limpié la portada del libro lo mejor que pude con el. No le quedó ni pizca de sucio, estaba tan nítido otra vez, reluciente se dirá. Mientras, me encontraba de pie, mi cuerpo cubierto sólo con la camiseta blanca que suelo emplear para dormir; no puedo hacerlo sin ella. Repasé con mis ojos el título del libro ahora legible:

Salma Rushdie-“Los Versos Satánicos”  

-“Es una obra maestra”-Pensé como para vanagloriándome de mis gustos literarios-“Mañana lo limpio como es debido”. Sonreí.  

Luego lo coloqué a la par de la Biblia de Jerusalén, que ni siquiera se había inmutado por la estruendosa lucha acaecida. Pero antes de dejar el libro y apagar la luz se me ocurrió decir en voz baja, cariñosamente:

-Gracias, Bobito.   

David Morán.
Tegucigalpa
Abril, 2013. 

lunes, enero 10, 2011

El Viaje



Un padre con su pequeño hijo decidieron hacer con urgencia un largo viaje. Para ello dispusieron de un pequeño burro que los trasportara a su destino. Cuando salían del pueblo donde residían algunos vecinos que les vieron partir dijeron: Miren a esos dos montados sobre el pobre burrito, que apenas puede con ambos, parece que no poseen la más mínima compasión del pobre animal; seguro se les morirá de cansancio y no podrán proseguir con el viaje. Horas después el padre y su hijo llegaron al poblado más cercano para abastecerse de provisiones; pero esta vez, al reanudar la marcha, los campesinos oriundos que les vieron comentaron: Miren a ese hombre, que va bien sentado en el burro mientras que su hijo enclenque tiene que caminar a pie, es un padre grosero y abusivo. En el atardecer, luego de transitar por un tramo desértico, aquel padre y su hijo pasaron sin detenerse cerca de otro poblado. Los viajeros que les acompañaron por un buen trecho no pudieron evitar hacer sus apreciaciones: Miren a ese chico, dijeron, tan joven y fuerte, bien sentado sobre el lomo del burro mientras el mísero viejo tiene que caminar bajo este despiadado sol, es un hijo desconsiderado, sentenciaron. Casi a la hora del crepúsculo, después de un día agotador, el padre y su hijo llegaron por fin a la costa donde había un puerto, pero antes de ingresar al mismo un grupo de trabajadores se burlaron de ellos gritándoles ¡Tontos, vienen casi con la lengua de fuera por puro cansancio, mientras su burro trota con ligereza! ¿Es que no les sirve de nada ese joven animal? ¿O se creen siervos del mismo? Tanto el padre como el hijo llegaron exhaustos al puerto, pero a salvo y, claro, el burro también, muy a pesar de las opiniones adversas que nunca pudieron descubrir la verdadera estrategia que les hizo llegar a su destino final.

Nota: Mi padre me contó este cuento que, según me dijo, provenía de un antiguo texto escolar. Así que intenté recrearlo aquí, porque me pareció interesante y revelador. No sé si concuerda con el original, pero la intención es solamente evocar una moraleja.

lunes, septiembre 01, 2008

En el jardín nocturno

Se quedó atrapado en la desilusión sin paliativos psicológicos ni esperanzas. Comenzó ha aburrirse del lugar inacabado donde se paseaba: un jardín laberíntico de paredes y setos que le daban hasta las rodillas, de muros inconclusos con inscripciones ilegibles, estatuas a medio hacer de cuerpos deformados por la falta de atención. El espacio enorme encima de su cabeza, negro como la peor de las noches, de clima inerte lo cubría todo. A penas se podía ver iluminado el solitario contexto donde quedó abandonado a la espera. Hasta la sombra que le acompañaba no justificaba su presencia y trastabillaba de vez en cuando quedando rezagada de la silueta del hombre que le tocó imitar, un tipo atrapado en la jaula de desconciertos y mal interpretados deleites hoy evidentemente olvidados.

No veía la hora de que todo terminara, más bien recomenzara, porque no toleraba vivir así para siempre. Temeroso de encontrar en su interior un gusto femenino por las rosas que le eran repulsivas, a pesar del placer de su contacto y el dolor infringido por sus espinas que daba evidencia de estar vivo, tomó asiento en una butaca del pequeño parque contiguo para leer por quincuagésima vez, de las tres mil que llevaba ya contadas por grupos, la lectura de un librito de veinte páginas, una obra que quedó pendiente desde que empezó la presunta demora que lo dejó ahí abandonado. En su cabeza esbozó mil quinientas maneras de seguir la trama sin que ninguna lo satisficiera, olvidando la mitad y siendo atormentado por el morbo de la otra.

No le cupo duda. Era un personaje de ficción cuya única habilidad descrita consistía en contar sus desavenencias de forma infinita. Tampoco pretendía hablar de ello ahí sólo por temor a volverse loco, tanto así que la lengua le pareció un molesto inquilino en su boca; y para que no perdiera la sensibilidad en dicho órgano solía mordisquear la tierra de vez en cuando, hasta que un día se le ocurrió escarbar en busca de una salida. Al menos no le caería mal un fiasco para variar. No paraba de sacar tierra, por lo que decidió desistir del asunto, de lo contrario no tendría espacio por donde deambular.

-Son tan crueles los escritores- Se decía en mente-Cuando dejan sus obras a medio palo y cada personaje es preso de aburridos capítulos inconclusos.- El pobre personaje se entregó nuevamente a la eterna rutina que condicionara su existencia al conteo irreflexivo e inútil, sin saber que el proyecto por describir su vida había sido cancelado por considerarse un infructuoso e inconsistente esfuerzo literario.

lunes, marzo 24, 2008

Locura momentane


Tenía que venir Luciana Casserole a joder, precisamente hoy que todo el mundo estaba laborando de forma dinámica y eficiente. Pero ella, si, esa bruja frígida de linaje gorgónico, sentía la obligación de recordarle al personal bajo su mando quien gobernaba en el departamento. Caso contrario su puesto o, mejor dicho, su presencia no tendría ningún sentido. Entró de lleno y con fuerza al puteo histérico dándole ese enfoque tunante que humilla sin vacilación a cualquier asalariado con hijos e hipoteca. De nuevo ponía la típica cara de gallina de industria a la que se le atoraron los huevos por sobredosis de hormonas; imagínesela usted. Todo la sorprendía, incluso lo bien que se llevaban las cosas pero, a no, ella es escéptica y le resulta fácil desconfiar de todo aquello que huele a perfección. Había que chingar como fuera. Abrigaba la esperanza de encontrar un lápiz fuera de lugar, agudizaba su vista de azor en busca de presa. La metodología consistía en una simple técnica milenaria: darse a respetar irrespetando a otros gracias al estatus, recordando que nadie es indispensable.

Sin la menor jurisprudencia Casserole comienzo el reparto regaños a granel ajena de cualquier directriz o política de los tiempos modernos. ¿Para qué seguir los libros de la actualidad? No hay nada como la vieja escuela. Su plasticidad mental parecía haberse solidificado hasta la médula desde hace mucho tiempo. El único que se salvaba de semejante carnicería, como siempre, era el conserje cuaternario Gregor Pavlov. Un lameculo que, gracias a una parsimonia al borde de lo patológico, parecía arrastrar dos yunques dentro del escroto. Siempre atrasando el trabajo de los demás, y no le faltaba un pretexto idiota en la jeta para evadir responsabilidades. Semejante espécimen de empleado sólo podía compararse con un vil ácaro. A las compañeras de trabajo ya las tenía hartas con su mirada libidinosa de virgen frustrado.

Le tocó el turno a Claudia Bustillo recibir su ración de ignominia desmesurada. Trabajó duro poniendo al día ciertos asuntos contables esperando, al menos, una puteada de medio minuto. Por desgracia no fue así. La pobre Claudia, una joven bastante serena, disciplinada y sumisa, le tocó ingerir el plato estelar de la casa. No extraña que con este tipo de personas se ensimismen jefes de la catadura de Casserole, empecinados en convencer a los demás que las obsesiones y compulsiones que los dominan son una cualidad innata indispensable para ser buen líder.

Aquello sería una horrible masacre para cualquier ser vivo con inteligencia y ego. Los baños de Casserole dejaban el encuentro desafortunado con un asesino serial como una experiencia religiosa. El abuso psicológico rebotaba en los inmóviles espectadores al grado de dar vergüenza, una muestra de arrojo y una pizca de noción de justicia habrían sido suficientes para levantar la voz de protesta al unísono contra la neurótica. Claudia se vio otra vez víctima de las ráfagas huracanadas de su mandamás. La vieja ignoró que con el salpicar de su saliva la desafortunada joven parecía tocar fondo.

Claudia se reveló con un aire contestatario e iracundo que ninguno de sus compañeros pudo imaginar en ella. A tal punto que Casserole comenzó a tener serios problemas para ponerla ha raya. Resolvió ofrecerle el despido, pues su pericia para el autoritarismo daba evidencias claras de debilidad, un lujo inaceptable en su posición. Casserole decidió callarse y se dirigió a su escritorio para preparar lo que todos ahí supusieron. Se sorprendió al ver que no estaba sola y, antes que tomara asiento, Claudia agarró un enorme y pesado pisapapeles con ambas manos levantándolo sobre su cabeza. La jefa retrocedió pero la empleada ya le había golpeado en la sien con una de las filosas aristas del objeto. Igual, cayó sentada apretándose la cabeza del dolor. Claudia le asestó otro golpe en la cabeza. Sin mayor dilación le profirió otro, luego otro y otro parando su ataque hasta que vio correr sangre por la superficie del escritorio; manchada de rojo quedó una carta dirigida a un hijo que estudiaba en los Estados Unidos. Luciana Casserole no volvería a joder jamás.

El viejo Don Evaristo Bustillo esperaba furioso a quien le debía estar preparando la cena. Refunfuñaba cómodo en su sillón mientras escuchaba por la radio las noticas. Un informe narraba la muerte de una persona en pleno centro de trabajo. A Evaristo eso no le extrañaba, las probabilidades de morir asesinado en la calle eran mayores que ganar en la hípica. Observó el retrato de una pequeña niña colgado de la vetusta pared de su sala. Una persona con la vida por delante. Revisó la hora en el reloj, un temblor en el fondo de su barriga cervecera le indicaba que algo no andaba bien.

Autor: David R. Morán
Tegucigalpa 2008.

 



lunes, mayo 07, 2007

Diálogos Pueriles I

En algún café de la ciudad capital…

-…Para mí vale más el lujoso regalo de una persona que pasa por muchos sacrificios para obsequiármelo, ya que es una muestra de su gran cariño hacia mi persona, y no como el individuo que tiene bastante dinero, pues a éste le sale tan fácil como comprarse un refresco en la pulpería. Valoro más el esfuerzo de quien te ofrece mucho de lo poco que tiene, habla mejor de su cariño. ¿No crees?
-Para mí no, me daría igual, viniera de quien viniera el mentado regalo, de la persona con escasos recursos o a quien le sobra el dinero.
-¿Cómo? ¿No crees que valga más el esfuerzo de esa persona humilde que tiene que dar buena parte de sus ingresos por intentar quedar bien con vos?
-Si en ambos casos me regalaran una torta de mermelada, por poner un ejemplo, sería igual ¿Por qué tengo qué favorecer a uno en particular? Ambos regalos los recibiría con la misma consideración, valor y agrado de mi parte.
- Ya vas con tus cosas. Siempre llevándole la contraria a medio mundo. Para mí es el esfuerzo es lo que importa, representa un cariño mucho mayor.
-Bueno, es cuestión de enfoque.
-Ah, ya vas otra vez, cuestión de enfoque. Já.
-Así es, me intereso auténticamente por el objeto mismo más que por su valor comercial.
-Eso no tiene nada que ver con mi comentario. Veo que eres un materialista. Yo le doy mayor importancia al sacrificio que hacen por complacerme que al obsequio en sí. Sobre todo si se trata de una persona que desee amarme de verdad.
-Pobre del que desee amarte, pues va tener que pasar por una vida muy sacrificada.
-Vos no conoces el amor, sos demasiado egoísta.
-El amor es un sentimiento capaz de surgir en cualquier ser humano, así como el odio; incluso el mismo egoísmo es una forma de amor, es amarse a sí mismo. Considero que el amor no puede ser cuantificado de manera exacta, su evidencia en acciones a veces resulta tan falsa como ilusoria, mucha gente hace sacrificios por amor a otra persona, pero más adelante se nota que buscaban cosas tales como seguridad, estabilidad económica, cosas así.
-Concuerdo con algunos de tus puntos, pero está bien claro que vos aprecias más las cosas que por su valor en sí mismas en comparación con el esfuerzo que se puede hacer por regalártelas.
-Pues si me regalan un tunco de mierda, por mucho esfuerzo que hagan en cagarlo, no lo aceptaría. Venga de quien venga.
-¡Estoy hablando en serio, no seas vulgar o me voy!
-Bueno, bueno. No creas que desestimo los sacrificios o entregas, simplemente aplico la misma regla para las tortas de mermelada a las personas; me intereso auténticamente por ellas tal como son, sean que sus acciones me afecten o no, de ahí me surgen los sentimientos, cualesquiera que vengan y no necesariamente por su capacidad de hacer grandes sacrificios a mi favor. Eso es típico de individuos interesados en monopolizar la atención ajena sobre sí mismos. Se valen de un pasmado sentimental capaz de hacer cualquier disparate para complacerlos. Por eso muchas mujeres no tienen otra opción que terminan en un motel con su pareja por compromiso. Por otro lado, a los hombres les toca ser sirvientes de una jefa muy exigente. Mera prostitución.
-Ten cuidado con lo que dices. De todas maneras me parece inapropiada y fuera de lugar tu apreciación.
-Inapropiada ¿Por qué? Hablas que valoras a alguien que sea capaz de hacer grandes sacrificios por darte algo, incluso eso lo hace digno de tu amor, pero en realidad aprecias al que “ofrece mucho de lo poco que tiene” por mera compasión. Lo digo porque a pesar de todo tienes como pareja a un tipo acomodado. Supongo que este joven ha realizado innumerables sacrificios por ti. Quizás su mejor esfuerzo fue volverse rico para complacerte ¿O me equivoco?
-¡No creas que soy una de esas mujeres interesadas, me insultas con comentarios que ni siquiera vienen al caso!¡Tonto ignorante!
-Puede que no vengan al caso muchas cosas que te dije, que sean simples burradas, pero créeme, he realizado mis sacrificios en nombre del amor que han sido debidamente respetados, pero siempre me quedo con las manos vacías ¿Me entiendes? Eso sí, buen sexo nunca me lo han podido negar.

Autor: David R. Morán
Tegucigalpa
Mayo 2007

lunes, febrero 26, 2007

Breve Historia de las Preconcepciones Imperecederas


Desde el inicio de la Creación – y antes de que la misma aconteciera- existía perenne la Nada, como el más indescifrable enigma. Helada e inescrutable, de la cual Nadie sabe cómo surgió el primer Ser que creó la Palabra. La Nada era, es y será la misma, por siempre y para siempre ella, Nada. Mas, de Ella parte un único espectro en cuyo sustrato flotan todos los Astros, el Vacío. Se cree que su envergadura y profundidad son tan insondables como infinita es la Nada. Tanto de la Nada como del Vacío se preconcibió un sub-espacio para que habitaran la Creación (primer acto de la palabra), al cual denominaron Desolación; de este No-ser se conoce el primer carácter de todos los tiempos; como todos sabrán, blando e irracional es el Caos de la Desolación. Al mismo tiempo la Nada y el Vacío concibieron a su primogénito, nombrándolo, desde el primer instante, con el nombre de Nadie. Puesto que su transparencia dejó su impresentable imagen en el anonimato, Nadie era ausencia pura (nótese su metamorfosis bipolar) de algo por venir o que faltaba. Pero cuando las primeras materias fueron forjadas, la distancia iría haciéndose cada vez mas grande entre las mismas, de tal modo que las unidades lejanas darían paso a la hermana melliza de Nadie, la cual, si querer ni serlo, pues de lo contrario no sería, surgió la Soledad sobre aquella inmensidad que era desde luego la Nada. Con ella todos, incluyendo a la mismísima Nada, estaban en Soledad, el primer estado de la Materia, del Ser y del No-ser.

De la Nada preñada del Vació, surge la Desolación caótica donde Nadie habita. Ahora bien, de la Creación germina una semilla llamada Materia, a sazón del primer Ser –recordemos que Nadie sabe cómo surge- que la promulgo como suya, dando paso a la Luz que corta la negrura de la Nada, en derredor la Soledad es compañera fiel gracias a la expansión de las distancias.

Y existe otro No-ser manifestado, invisible como Nadie, del cual todos estaban pendientes pero que, tan sólo con nombrarlo, desaparecería al instante. Muchos aman su reino –mientras que a otros los atormenta-, y para comprenderlo callan para no escucharle y disfrutar así de su presencia, que es, sencillamente, ese espejo donde podrían llegar a manifestarse todo lo entendible.

Así pues, recapitulando, antes y después, los No-seres, el Ser y la Materia expandían su presencia y la falta de esta, hasta que del Ser llegó la Palabra hecha movimiento, la Creación, que poco a poco declinó el caos de la Desolación, reconfigurando al Vacío para siempre. De la Palabra surge la Vida, la Conciencia y la Existencia, porque la Palabra personifica conceptualmente el Todo. Tanto dentro de las tres bellezas inmaculadas como fuera de ellas, los No-seres y el Ser reinan.

Nada es destruido por la Palabra del Ser, y la Palabra en él se transforma en versos, los versos en cantos, creando el cosmos y la neura, que sólo pueden matarla el sicario de la Nada, el Olvido, dentro del neurocosmo del los seres venideros. De esta forma Todo queda resguardado, porque Nadie sabe de donde ni como surge el Ser. Nadie. Por eso guarda su secreto en el innombrable y quedarán a salvo sin que lo aflija absolutamente Nada.

David R. Morán
Tegucigalpa
Febrero 2007