miércoles, febrero 22, 2006

Enseñanza e Identidad Nacional

De: Recuerdos para el futuro, les entrego esto.


Yo os aseguro:
el que no reciba el reino e Dios como niño no entrará en el”.
Lucas 18, 17.

No.1

A mediados de los años ochenta (Siglo XX) Honduras apostaba por el poder capitalista frente a la amenaza roja, que ya había atrapado a Nicaragua con su “Virulento” y contagioso” aliento socialista. Al menos así lo apreciábamos nosotros los revoltosos, los que ni siquiera teníamos una década de existir en el loco e intricando mundo de los adultos. Durante aquellos días las profesoras de la escuelita intentaban explicarnos el zafarrancho ese de de la guerra fría, pero yo nunca entendía nada, seguía con el insurrecto afán de siempre, perfeccionar mi técnica de dibujo cuyo objetivo exclusivo era reproducir la imagen Mazinger Z, en todas sus posibles poses de ataque. Para no saturar mi mente con propaganda comunista y el libertinaje americano, de martillo rojo y estrellita amarilla, de barras horizontales rojo-azul y águila calva, preferí mil veces conservar mi propia teoría sobre la guerra del hielo, cuyo campo de batalla acontecía tras el más oscuro silencio. Quizá los soldados combatían en Siberia o en el polo norte. Eso era suficiente por suponer.

Como país subyugado –y casi condenado a la dependencia absoluta de otras potencias-, nos explicaban las profesoras que Honduras debía elegir entre uno de los dos males o sistemas injustos. ¿Por qué razón estábamos obligados a escoger uno de esos dos, males? ¿No sería mejor optar por el bien común? Pensábamos con nuestro corto alcance. No podíamos escoger el bien común por una simple y llana razón: no existía semejante cosa.

Basándose en el viejo dicho de “el mejor mal es el menos dañino”, la cátedra pública intentaban justificar su inclinación hacia el sistema capitalista, a pesar que el magisterio, en todos sus niveles, cobijaba entre su seno a algunos prodigiosos hijos suyos (poetas, escritores, periodistas, sindicalistas…), enamorados del manifiesto comunista; esto más, conociendo que entre ellos se platicaba sobre la buena nueva del materialismo dialéctico y, para colmo de males, tenían como profeta único al viejo Marx que, junto al sumo pontífice y mesías Lenin, conformaban el paraíso comunista del proletariado sempiterno vencedor indiscutible al final, después de tantas torturas y crímenes perpetrados por el terrorismo estatal de derecha.

Por lo antes expuesto, ellas, las profes, concluían que lo más sensato y prudente era aliarse con lado ganador, si es que queríamos tener una ínfima posibilidad de sobrevivirle al armagedón que ya se nos venía encima. Claro que sabíamos algunas cosas elementales acerca del tema, aprendimos mucho gracias en ese importantísimo medio de difusión educativa y de formación familiar como lo era la T.V. ¿Se acuerdan de ese aparato?; nada que ver con el inculto Internet. Como les comentaba, nosotros, los menores, teníamos la responsabilidad de documentarnos por nuestra propia cuenta acerca de los líos sin sentido en que nos involucraban los caprichosos adultos; intentábamos alejarnos de su influencia manipuladora, ya sea esta de derecha, de izquierda, de centro, de arriba, de abajo o de donde diablos les saliera. Por ejemplo, aprendimos de la sabia T.V. (y del cine, se me escapaba ) que Rambo, en representación del pueblo norteamericano, y Roger Moore, el agente con placa 007 al servicio secreto de la Reina de Inglaterra, eran los héroes que combatían a favor del mundo “libre”, pero no teníamos una idea concreta del prototipo de paladín propuesto por la Madre Rusia; eso sí, al alzar nuestra miradas al cielo, atenamente y con algo de suerte, podíamos divisar los satélites soviéticos que nos estaban acechando con sus misiles nucleares. Era algo aterrador.

Para terminar de indignarnos, los adultos se reían de nuestros descubrimientos y de las advertencias que desinteresadamente les hacíamos saber; recuerdo que siempre intentaban ridiculizarlas, las tomaban como meras bromas, ingenuas fantasías. Era su forma habitual de negar la cruda realidad como mecanismo de defensa, típico de los espíritus infantiles.

El peor drama político de la “década de la decadencia” lo viví al enterarme que la niña de mi predilección era nicaragüense y, por tanto, deduje, comunista. Nuestro amor era el más puro del mundo, sin peleas, sin intereses mezquinos, sin obligaciones. Era amor de vista y pequeñas sonrisas, amor telepático le digo ahora. Mi hermana me contó una cosa que me dejó pasmado sobre la familia de la dulce niña izquierdista –tenía la mala costumbre de hacerla mi confidente-, por cierto la niña era nuestra vecina. Mi hermana me convenció –fíjense cómo era esta muchacha- que los “mucos” cavaban túneles desde Managua hasta Miraflores, Tegucigalpa, para venir a vivir aquí, de ilegales. Casi todos los días, me decía mi hermana, miro a un nuevo muco salir de aquella casa caminando junto a los padres de la niña, maleta en la mano y haciendo gestos como de estar agradecido con los señores. -¡Válgame Dios! ¡Nos están invadiendo!- me dije asustado. No me podía dar el lujo de seguir coqueteando con aquella diminuta marxista-leninista, no debía traicionar a mi patria. Pensé que los rusos eran tan inhumanos que, incluso, eran capaces de poner a los niños al servicio de la KGB. Indignación total. La única solución al problema era expulsarlos. Un par de años mas adelante me enteré que no venían aquí precisamente a invadirnos, a quitarnos nuestros trabajos y someternos al totalitarismo estatal, sino que escapaban de la guerra intestina entre el gobierno de Noriega y la guerrilla (contra). Al ser conciente de todo esto, obviamente le propiné una buena zurra a mi hermana.

Pero también tenía otro problema, no era de mi agrado golpear, patear, insultar o, simplemente, denigrar de los niños mucos por ser eso, mucos, como solían hacerlo mis pequeños compatriotas y vecinos. Me resultaba simplemente insoportable, no le hallaba la gracia al asunto, no entendía la razón exacta del rectilíneo sentido de justicia que me embargaba al contemplar aquel acto. Como decía, los muquitos se iban a sus casas llorando de impotencia tras las carcajadas de los más fuertes de mi cuadra. Afortunadamente, y como ayuda caída del cielo, mi interés por la niña de ojos negros cesó, y es que me había conquistado una pequeña rubia capitalista de ojos claritos. ¡Miren cómo es el amor de anarquista que no respeta los modelos de producción! Gracias a mi nuevo delirio no me tuve que utilizar el clásico método de discriminación étnica o cultural, todo para quedar bien con aquellos bribones catrachos.

Ya me tenía arto los adultos con sus perestroikas, Berlines, Proyectos Guerras de las Galaxias, Rocky IV, Racismo, hambre, golpes de estado técnicos y militares, etc, etc. Para rematar, nuestra profesora guía nos lanzaba el anatema que para el año dos mil se acabaría el mundo, que Honduras, con tanta deforestación de los bosques, quedaría idéntica al desierto del Sahara, que jamás pagaríamos nuestra deuda externa y que estábamos irremediablemente condenados a ser los peones del imperio, todo eso antes del año dos mil. Yo, por mi parte, les decía a mis entrañables amigos de la escuela:

¿…Entonces, para qué PUTAS estamos estudiando si de todas formas no tendremos futuro? ¡Esta mierda de la escuela es una total pérdida de tiempo!

Y ese era, en principio, el adoctrinamiento que la cátedra pública nos daba para ir formando en nuestras prematuras mentes, nada mejor que recibir instrucción para practicar el derrotismo e idiotismo ignorante que poco a poco forja nuestra mediocre identidad nacional.

David Morán
Tegucigalpa
Febrero 2006.


Nota: Disculpen la extensión, no deseo dar una imagen completamente negativa de la educación hondureña, sino más bien parcial, pero igual, esta porción es contundente en la mente de los niños. Por supuesto, no todas mis profesoras y profesores de aquel tiempo eran así de deprimentes, la mayoría nos brindó mucho afecto y guía sana, despertando, en mí caso, la inquietud científica y el sentido de creatividad. A ellos gracias, a los otros, que enseñan esta lamentable pedagogía del derrotismo y que hoy en día todavía pregonan sus herederos, rectifiquen por favor. Los niños no deberían absorber como suyas todas nuestras frustraciones e ineptitudes.

10 comentarios:

The Walrus dijo...

Parece que fue bien divertida la vida durante la guerra fria aqui en Honduras.

Hey, rocky IV tenia un mensaje muy bonito: dejad que nuestros boxeadores se agarren a trompadas y no habrá más guerra.

Guau, ese Reagan er cosa seria, un plan guerra de las galaxias, jaja. Mejor uno viaje a las estrellas.

hey, tal vez consigo la de mazinger y te la doy.

Michi dijo...

Aqui no receurdo aleccionamiento ninguno, y doy gracias por ello, no creo que sea la funcion de los maestros dar ideas politicas a los niños...que piensen por su cuenta!!

Juan Carlos Vallejo dijo...

Siempre se estudia para nada y para todo. La educación siempre es conservadora, puesto que no hace sino repetir y asentarse en ese espanto del pie de página. Nada es verdad si ya no lo ha sido. Queda a cada uno revelarse y pensar el mundo de manera diferente. Existir para sublevar al mundo, lo demás son canciones de cuna.
Un abrazo enorme te tu amigo vagabundo

LUIS AMÉZAGA dijo...

Veo que la identidad nacional no acabó con tu identidad individual.

La educación sirve y mucho, aunque sea para rebelarte. El adoctrinamiento no sirve, o mejor dicho, estimula la servidumbre.

anatema dijo...

Hay que estudiar, de todo a ser posible, para saber defenderte cuando te estudian a ti.

Un beso David.

Irina Orellana dijo...

Estimado David:

Como pasa el tiempo de rápido verdad?

En mi escuela (En Peña Blanca, cerca del Lago de Yojoa), la creencia era que los famosos marines yankis, eran la salvación de Honduras, y que todos y todas debiamos respeto total a los famosos "Aguas tara" (realmente nunca supe si así se escribía ). Los recuerdo perfectamente circulando por las calles de la Ciudad de Comayagua, con sus vehículos de guerra y sus trajes militares.Ellos estaban en contra de los mucos, "los invasores".

En mi bachillerato el lema era "Una Honduras verde para el año 2000" e igualmente nos llamaba la atención la creencia de mucha gente sobre el fin del mundo en esa fecha..."falta muuuucho tiempo para llegar al año 2000, así que no nos preocupemos".

Luego en la universidad la expectativa era la caída del muro y el fin de la guerra fría, que sucedería con Gorvachov y la Perestroika...igual nos metieron en la cabeza que el sistema capitalista era la solución a todos los males.

En los últimos años la pregunta es como se desarrollarán los mercados con el famoso CAFTA y NAFTA? Y ahora nos meten en el coco, que los Hondureños no podremos competir, porque nuestra educación no le llega ni a los talones a muchos países del "primer mundo"...puede ser que sea cierto...habrá que ver como nos va.

A lo largo de mi vida estudiantil, son pocos los maestros que realmente trabajaron por inculcar un espiritu de emprendimiento, liderazgo e independencia, y mucho menos el hábito de la lectura e investigación.

Ojalá esto cambie, mientras tanto nos queda una gran responsabilidad como guías de las futuras generaciones, motivándoles a tomar otro tipo de actitud, participación, y compromiso.

Tbo dijo...

Eso, eso, hagamos novillos como Tom Sawyer y vámonos a pescar. ¡Que cosas, las de esa profesora y los tiempos de ser un niño. Mejor algo de Mark Twain y tan siquiera habríais respirado.

David Morán dijo...

Irina: No me acordaba de ese nombre de “Aguas Tara”, estos son algunos de los recuerdos de aquella vieja política tan enredada. Y no sabía que estudiaste por peña Blanca, es un lugar muy bonito, hace algunos años pasé por ahí. Saludos.

TBO: Estimado camarada, que bueno saber de ti. Ni te imaginas las aventuras que pasé en la infancia, Incluso le pude haber servirlo de inspiración a Twain si el hubiese vivido en esta época. Claro que en ves de Missisipi hubiera tenido una quebrada, pero en fin, no todo es majestuosidad. Gracias por el enlace.

anatema dijo...

Hola David....¿Cómo es el carnaval por Honduras? Un beso.

David Morán dijo...

Anatema, o paso mucho tiempo encerrado o no me acuerdo que de carnabal alguno en mi tierra. Sólo estuve pendiente de l carnabal brasileño, ¡Que mujeres!

Saludos.