sábado, abril 30, 2005

¡Se Incendia mi País!



Disculpen que haga un breve paréntesis, la verdad es que le tocaba el turno a otro post que, desde hace unos días, está haciendo fila esperando entrar en escena. Yo no estaría tan ansioso de ingresar, no sabría lo que me espera, me estarían tronando los huesos de pura aprensión. Pero definitivamente hay cosas valientes, por no decir temerarias.

El miércoles pasado, tras una incómoda tarde de calor, sentí un viento que estremeció los cables telefónicos en la calle, como si un gran chiflón resoplara, inclemente, sobre el tejado de las casas obligando al tendido público a estirarse con suma dolencia; inmediatamente perdimos la señal de TV por cable, se murieron los teléfonos y desapareció el mágico mundo de Internet que tanto me embelesa últimamente.

Salí a la calle a ver que sucedía, los vecinos nos contaron que una volqueta se llevó parte de los cables en los postes; los cortó rozando su filo superior contra estos, a muy mala hora. Con esta van tres veces en lo que va del mes. Grandes camiones y enormes furgones pasan velozmente por esta zona habitacional. Yo, por supuesto, me tuve que conformar con murmurar alguna que otra maldición. ¿Pero qué putas hacen esos vehículos pesados transitando por una zona habitacional? Eso está prohibido, me dije yo, teniendo todo un bulevar enterito y sin tanto tráfico para llegar a su zona de descarga, pero no, tienen que venir a joder.

Lo que en verdad me dejó pasmado con este suceso fue ver una densa capa de humo, sí, de humo blancuzco vibrando a mí alrededor. Como neblina que siega y, a parte, ahoga. Miré al cielo, estaba nublado. El calor se hace cada vez mas penetrante. El aeropuerto a tenido que cerrar, con esta espesa capa los aviones no pueden aterrizar en el portaaviones...digo, en el aeropuerto de Toncontín. Las pérdidas van de a millones, sin contar con los retrasados de los pobres pasajeros. Los hospitales se llenan con niños; un preludio de que se avecina muchos casos de enfermedades bronco-pulmonares.

Se queman nuestros bosques a velocidades estrepitosas, hectáreas y hectáreas son arrasadas a diario sin compasión por el fuego. Este infierno maligno es perpetrado por la mano del hombre, no cabe duda. Muchos desean matar al bosque y así obtener el terreno necesario para sus ganados. Es, a parte de criminal y enfermizo, una abominación asesinar nuestra naturaleza de esa forma, sabiendo que Honduras, país montañoso por excelencia, no posee, según los expertos en el tema, condiciones para ser un emporio ganadero.

Estas aberraciones llegaron al límite, ni los más escandalosos casos de corrupción se pueden comparar con semejante masacre ambiental. Los políticos no dicen ni pío. Hay gato encerrado en el congreso, supongo yo. Pero van a escuchar a este pueblo. Ellos y los que han perpetrado semejante atrocidad (ya me parezco a Bush). Tendremos que esperar a que los vientos lleguen, o, quizá, la lluvia de este nuevo invierno que se avecina logre apaciguar el calor, la bruma y, ante todo, un fuego incontrolable. Mientras tanto, nos estamos preparando. No nos quedaremos de brazos cruzados. Habrá que reforestar todo cuanto se pueda y salvar lo que aún queda que, pese a todos los esfuerzos de estos pirómanos, subsiste mucho.

Para no perder más tiempo me dispongo ha aprender la danza indígena de la lluvia, sé que de momento esto no ayudará mucho, pero por algo hay que empezar.

Oh no!!, no me acordaba que cuando llueve se inundan muchas zonas de esta ciudad, causando grandes pérdidas. Si no enchutamos mal y si enchutamos pues también mal. Que Dios nos socorra.

Foto de: La Tribuna

6 comentarios:

LUIS AMÉZAGA dijo...

El negocio del fuego, aparte de Lucifer a los demás que lo intentan deberían colgarles de los testículos.

Ya veo que las "nubes" te vienen a buscar a casa, David. Te quedas sin comunicaciones y sobrevives, quién lo hubiera dicho. No lo creía posible.

David Morán dijo...

Colgarlos de los testículos... creo que algunas organizaciones feministas de por aquí te tomarían la palabra. Pero no solamente para ajustar cuentas con los pirómanos.

Saludos.

Tbo dijo...

Aqui también sucede, no me preguntes ¿por que?. La respuesta es sencilla, somos enormemente egoistas, el legado que dejamos a las nuevas generaciones, va a ser alucinante. Antes de palmarla creo que voy a ver enormes catastrofes ambientales y ecológicas, la naturaleza que es sabia, nos jodera a tiempo. !Espero que cambiemos el mundo.¡

P.D. Ejem, muchas gracias, David.

OdinGhost dijo...

Acá igual!
Seremos los latinos tan pelotudos como nos estampillaron?
Aqui queman miles de hectáreas de selva autóctona irreemplazable, solo para sembrar soja. Y la misma e inequívoca inacción por parte de los políticos que también están metido en todo este chanchuyo.
LA avaricia y la codicia no tienen fin y se quieren quedar con todo ya.
si encuentras alguna acción posible será cuestión de postearla!
Aqui llueve y el agua se lleva los ranchos de los pobres, nunca las vaquitas de los dueños.

David Morán dijo...

De algo podemos estar seguros amigos, estas personas no se van a detener hasta que ya no encuentren un tan solo palo en pié. Los políticos no dicen nada porque seguramente tienen intereses en ese rubro o es que ya los compraron. El tráfico de madera no se puede ocultar aquí, eso significa posiblemente que también muchos policías y militares estén involucrados. Los únicos que luchan por la protección del bosque son los pueblos indígenas pues, desde siglos, han aprendido a convivir con la naturaleza. Sus costumbres rudimentarias son atacadas fuertemente por quieres se llaman “protectores de los bosques”, pero éstas agrupaciones nada hacen en contra de los grandes aserraderos, los incendia bosques, etc. Atacan siempre al más débil.

Faltará que nos “sancionen” los organismos internacionales para que nuestros gobernantes pongan cartas en asunto, faltaba más, llegar a tales circunstancias es, para nuestros pueblos de Latinoamérica, realmente vergonzoso.

somadicta dijo...

Suele suceder en pasises como los nuestros donde el rigor del verde pesa, y no las necesidades inmediatas... un saludo mexicano.