martes, febrero 14, 2006

El Perfecto Asesino del Sistema

Es de mañana.
Muy temprano.

Hace frío,
Enero bajo cero.

Me han asignado a una torre de vigilancia,
Durante cinco meses he sido un francotirador del sistema.

Las órdenes son claras:
Nadie debe traspasar al otro lado, nadie, si alguien se atreve,
se las verá conmigo.

Ahora estoy apuntando a un blanco móvil, mi sargento me ha dado la señal y, para no provocar temores innecesarios en la poblado, resolvimos no activar las alarmas.

Aliento vaporoso sale de mi boca,
Dejo de respirar.
Apunto.

En la mira telescópica veo una mujer, viene acompañada de un hombre de avanzada edad, alto y fornido. Se mueven sigilosamente para no ser detectados pero, como se puede apreciar, sus esfuerzos serán inútiles, es mucha ingenuidad de su parte intentar traspasar de esa manera.

Un momento…con ellos viene una niña, si, una niña pequeña, como de tres años. Lleva un traje rojo, es bonita la chiquilla -a mi manera de ver por supuesto-inocente de todo cuanto ahí ocurre.

Mi mente titubea: la mujer, la niña, El hombre viejo.
El láser se clava en el hombro de la joven campesina.
Mi pulso me traiciona por el momento, pero vuelvo a apuntar.
Disparo en un momento de inicua dolencia.

La mujer cae por el impacto, grita adolorida. El hombre vocifera algo, no logro entender lo que dice, creo que suplica al cielo. Nada que importe de verdad.

Rápidamente retroceden y buscan refugio; pensé que volverían al otro lado de la luna, donde los días siempre son un crepúsculo invernal. Pero no es así, continúan avanzando, escapando, con mayor determinación que antes. Dejando un rastro de sangre a su paso. Mi sargento me observaba. Espera que cumpla con mis órdenes.


Apunto otra vez.
-El perfecto asesino- pienso al distraerme,
-no odia, no desea, no ama, no teme a nada.
Únicamente obedece órdenes, sin cuestionarlas-.
Disparo. La bala da justo en la nuca de aquel hombre, su cuerpo cae incólume sobre un filoso colchón de alambre de púas.

-Ya no sufrirá-.
Sin embargo, siento que mis entrañas hierven.
Respiro al fin. Vuelvo a apuntar. Mi superior evalúa mi desevolvimiento.

Ambas, la mujer y la niña, lloran aterrorizadas. Pero, increíblemente, continúan avanzando.
Mis dedos se entumecen –¿Acaso será por el frío?- , apunto una vez mas al blanco, las veo con claridad a través de aquella circunferencia milimétrica.

-No hay compasión para los desertores-
-No hay compasión para los desertores-.

A pesar de su veloz y desesperado zigzagueo evasivo, son presas fáciles, el trajecito rojo era lo que más se nota a través de la ligera neblina. Apunto, disparo a una esquina. Heladas gotas de sudor se resbalan a través de mi espalda.

Degusto el sabor de la muerte en la boca.
(Por lo que más quieran, regresen, estúpidas regresen)
Veo que su desconcierto las obliga a avanzar hacia la libertad, ciega y desesperadamente.

Otras dos balas fallan intencionalmente, lo admito, intento persuadirlas, para mi asombro ellas no se detienen.

Ningún impacto o chispa podrá añadir mas temor, no hay marcha atrás, no me dejan otra alternativa.

(Un día mas en este trabajito, mañana me asignarán a otro puesto, con misiones verdaderas,
donde tendré que encarar a espías y militares.
Blancos verdaderos)

Sin lastima, sin misericordia. Sin piedad. La voz de la muerte se escucha.
Dos veces. Dos. No fue necesario un tercer intento. Todo acabó.
Soy uno de los mejores.

Limpio el rifle.
Ahora soy un hombre diferente a los otros.
No existe nada en mi interior, ningún remordimiento,
ninguna culpa, ninguna pena, ni alegría, ni odio, ni orgullo por lo que acabo de hacer.
Soy el perfecto asesino. Frío. Como esta mañana de invierno.
La muerte es mi oficio.

Camino despacio si rumbo fijo, de repente, una mueca involuntaria comienza a dibujarse en mis labios.
Se trata de una sonrisa partida.

Aún puedo contemplar como se escabulle la sangre de mi sargento por la fosa de su ojo izquierdo. De su barriga militar, ni hablar, me provoca nauseas ver ese abdomen reventado.

Los otros centinelas me cortan el paso a tiempo, pero no iba a oponer resistencia. Era inútil.

Prendo un cigarrillo, tomo aliento, tengo necesidad de algo caliente. ¡Qué ironía!
No siento alegría, ni pena, ni temor a la muerte. La mujer había escapado rumbo a su libertad debido a mi inusitada traición –ni siquiera yo logro entenderlo bien-. Sin saber la razón, estoy completamente seguro que la pequeña niña jugará tranquila en algún parque llevando puesto su vestidito rojo, lejos, al otro lado de la represión. Y todo gracias a mí., el perfecto asesino del sistema.


Autor: David Morán
Tegucigalpa, Febrero.
2005.

8 comentarios:

Sr. Santana dijo...

que intensa su narracion!, muchas gracias por pasar.

le mando un abrazo

LUIS AMÉZAGA dijo...

El sistema no es perfecto, aún se le inflitran asesinos con sentimientos.

anatema dijo...

Ufff...David. Me has dejado exhausta. Más, un texto con mucho contenido. Un relato singular. Calculador, diría. Un beso.

Anónimo dijo...

Hola mi nombre es Malena, soy de Buenos Aires, Argentina, aunque acá eso no interesa no hay fronteras. Me encantan tus escritos, y me gustaria saber si podemos linkear ambos blogs. Tu dirás.

Por favor escribeme a mz@fibertel.com.ar para darme el ok.

mil gracias

blogs.ya.com/garabatosdemujer

Michi dijo...

Muy bueno David, el siguien paso es crear un francotirador maquina, asi evitamos los sentimientos esos tan molestos... :(

Tbo dijo...

Carguen, apunten, disparen...ehhh, ese es tu final, depues de un claro consejo de guerra.

Hace poco he visto un programa de T.V. que me ha recordado tu escrito. Profesionales de la muerte, sicarios para el asesinato en Colombia, donde la vida no tiene el mismo valor y te asesinan por 60 dolares.

"La muerte es su oficio."

Saludos.

David Morán dijo...

TBO: tienes razón, para algunos humanos, otros sin simplemente un objeto o animalito más. Y no sólo en Colombia.

Saludos.

OdinGhost dijo...

ah!!!! mi amigo!!!! como extraño estas letras que revuelven todo!!! que movilizan!!!
seamos un poco asesinos del sistema.
necesito disparar!!!
y estoy apuntando David!!!
Pusieron el arma en mis manos.
frío, calculador, muerto ya estoy.
lo peor que se puede hacer es dejar a tu enemigo sin nada que perder...
sin miedo, ya es un guerrero.